Holocausto en el río grande de la Magdalena
Reseña
Este libro es un viaje íntimo y doloroso por la memoria de un río que alguna vez fue vida, sustento y esperanza, y que hoy se ahoga entre el olvido y la contaminación. A través de sus diez capítulos, el autor logra entretejer con gran sensibilidad las voces de los ribereños, los ecos del pasado y el grito silencioso de la naturaleza herida. La narración tiene un tono poético y evocador que nos transporta desde el nacimiento del río, en los páramos andinos, hasta su desembocadura en el Caribe. En ese recorrido, desfilan paisajes, oficios y costumbres que poco a poco se desvanecen, dejando al lector con una profunda reflexión sobre lo que hemos perdido como sociedad. Más que una crónica ambiental, es una elegía al río y a sus gentes, una invitación urgente a mirar de frente nuestra responsabilidad con la tierra que habitamos. Es un libro que conmueve, duele y, sobre todo, invita a recordar. Sin duda, una lectura necesaria para quienes aman la literatura que nace del territorio y defiende la vida.
Además, en estos apartes se busca dar a conocer una realidad del río, que recorre once regiones que depositan sus basuras en su lecho de muerte. Es recordar sus rancherías apostadas en sus playas en donde el pescador con sus atarrayas y la red barredera atrapan esos peces de la subienda. Que aún flotan animales, personas y tanques plásticos sobre su inmenso cauce. Ya no huele a pescado seco, y no vemos las rancherías. Sus riberas ya no huelen a tierra húmeda, y ya no vemos las casas de bahareque y techos pajizos., que reciben la brisa contaminada. Es un desastre ambiental que corre hacia el mar Caribe, y es un río que recuerda el último barco a vapor, el David Arango Uribe, y la lancha Nancy Elvira, que navegaron por su cauce, testigos de la subienda, la deforestación, de la prostitución y de un barranco rojizo que es símbolo de muerte.